Monday, July 20, 2026

¿Metiste un gol en algún mundial?

Me metí en un grupo que se llama Aprender de Grandes- un argentino que ha juntado a grupos de personas para charlar y hacer actividades.  Es por suscripción y me metí durante este mes para ver qué tal.

Una de las actividades es responder a ciertas preguntas -tienen como un juego de cartas llamado Conversemos para entablar conversaciones.  Lo hicimos por Zoom pero tambien la gente lo escribe si quiere.

La pregunta de esta semana: ¿Metiste un gol en algún mundial?

Esta fué mi respuesta:


Marmota con quien conversé a la vera del río Tuolomne.



¿Metiste un gol en algún mundial?


Cuando escuché la pregunta el otro día, tuve que interpretarla: ¿qué es lo que yo considero un gol?. Pensándolo, sentí que me la paso marcando goles muy a menudo. ¿Qué es un gol para mí? Es hacer algo que considero digno de celebración. Yo me la paso celebrando, yo diría que cada día celebro.


Por ejemplo, esta semana me fui a la Sierra Nevada, en California, al parque nacional de Yosemite, donde es dificilísimo conseguir una reservación para acampar, y la reservé hace meses.  Desde el momento en que llegué, me llovió prácticamente todo el tiempo. Tuve unos paréntesis cortos que me dieron tiempo para preparar comida a la intemperie y me aterraba que mi tienda de campaña goteara como la vez pasada. Le había hecho yo misma una impermeabilización siguiendo consejos en YouTube, pero no estaba segura de que funcionaría.  Imagínense, no goteó. ¡Gol!


Tenía planes de escribir y pintar acuarelas al aire libre, pero en cambio estuve con mi impermeable y mi sombrero de ala ancha resguardándome del aguacero bajo rocas o árboles. ¡Gol!


Cuando escampaba un poco, caminaba por la vereda del río o me sentaba en una roca para calentarme un poco o comer algo. ¡Gol!


Para mí, lo que fue el golazo de marca mayor fue que, de repente, me entró una risa que me hizo reír a carcajadas. ¡Esto no puede ser! Los testigos fueron los pinos, las gramas con sus minúsculas flores, el musgo, las libélulas, las truchas, las lajas, el granito lavado y las estruendosas cascadas. Hasta una marmota me vio reír. Fue la alegría de darme cuenta de que el universo me pedía el no hacer nada específico, sólo contemplar la lluvia cayendo sobre el río y ya, ¡se acabó! Una lección para alguien a quien le encanta estar ocupada y que tenía un plan que no se dio. 


Pasé horas, literalmente los días completos, en esa actividad de contemplación. Me sentí feliz, contenida, abrazada por la naturaleza, entendiendo que eso era justo lo que se requería de mí en este viaje: el no hacer nada durante tres días y ver la lluvia caer. Gol, ¡otra vez! Fue mi aceptación, con gran regocijo, de esta realidad. 


Salió el sol el último día en la tarde.  Después de recoger la carpa mojada y embarrada, subí de nuevo al río y me eché en una laja para entrar en calor.  Tanto fue el solazo a casi nueve mil pies de altura que sentí necesidad de meterme en el Tuolumne- pura nieve derretida. Pues salí como nueva.¡Gol!


Pero hay otros goles que quizás la mayoría apreciaría con mayor estima, porque tienen más caché. 


Yo fui madre divorciada, muy joven, con tres pichurros de 5, 4 y de año y medio, saliendo de una relación muy difícil, viviendo muy lejos de mi tierra natal y sin ninguna familia en esta ciudad. Así y todo, con valentía y optimismo característicos, les di motor y pista de despegue a tres hijos que hoy son ejemplares y sirven a su comunidad. 


Metí tres goles: una enfermera, una maestra y un bombero.  Son fabulosos y no lo digo yo, lo dicen quienes los conocen: son excelentes personas. Tienen casa propia, familia, salud y ocupaciones que les gusta hacer. Son alegres, juguetones y empáticos. ¿Qué más puede pedir una madre? Los veo y estoy tan orgullosa de ellos. Nos amamos. Triple gol.


De paso, el que sean tan independientes me hace feliz ¡gol!, porque ahora es cuando tengo mucho tiempo para jugar, pasear, escribir, hacer música, inventar proyectos, explorar y hacer una de las cosas que es difícil de lograr en este mundo veloz: il dolce far niente, que realmente es conectar íntimamente con la naturaleza y sentirme perteneciente a esta Creación Infinita. Todos estamos conectados, la lluvia me lo recordó justo esta semana. ¡Gol!


Y ahora aclaro: ninguno de estos goles son algo que yo hice personalmente, sino algo que el Universo hizo a través de mí. Yo simplemente fui un vehículo para plasmar acciones y ambientes llenos de luz, juego, alegría y coherencia. Gooooooooool, otra vez.¡Tremendo es este juego, la vida!, en mi opinión.









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