Saturday, January 26, 2019

Veinticinco de Enero (despues del 23 de enero) 2019

Se siente un callado opresivo.  



Después de una contundente marcha y despliegue de venezolanos en el mundo entero gritando a los cuatro vientos lo que queremos y esperamos de nuestros gobernantes, por lo menos en Caracas,  hay un callado raro.  Negocios cerrados y saqueos intermitentes en las noches.  Mientras tantos los politólogos, comentaristas, escritores y todos aquellos que tienen una opinión (que somos TODOS) inundamos las redes con nuestros sentimientos ya sean optimistas: ¡Ya somos libres!  o pesimistas: ¡Nos jodieron otra vez! ¡La cagamos otra vez! 






Yo estoy hoy en el trópico,  poniendo todo esto a un lado y oyendo que llegó el agua y por lo tanto aprovechamos de regar el jardín y oyendo a mi mamá y a Susanna en la cocina decidiendo qué ponerle al quiche en preparación para la “piñata” para Mamaquerida que cumple 101, hoy 25 de enero del 2019.


Tuvimos la suerte de la Danubio estaba abierta y le compramos su pastel Selva Negra, que a ella le encanta.  Por otro lado a mi se me antojó que le debíamos hacer una piñata y recorrimos Caracas sin saber dónde buscarla y sin conseguir una. Además, con miedo que de conseguir una se nos gastaran todos los bolívares para la compra de la comida.  Mi tía Johanna nos brindó una chicha, pero no conseguimos leche y me pregunto con qué hicieron la chicha. Recorriendo el este de Caracas nos dimos cuenta que por lo menos la mitad de los negocios estaban cerrados. Dani me dijo que nuestra fábrica está abierta y la gente va al trabajo pero que no trabajan.



La semana que viene abro mi cuenta de banco (si acaso puedo) y así realmente viviré la odisea que significa hacer transacciones monetarias en este país. 


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